CAPÍTULO 3 (c)
La Litosfera Como Acumulador de Energía
La Litosfera sólo puede ser considerada como fluido de trabajo en casos muy puntuales de movimientos litosféricos rápidos tales como deslizamientos, torrentes de barro (procesos de remoción en masa) y procesos volcánicos como coladas de lava. Considerando globalmente la magnitud del Sistema Exógeno terrestre (SET) previamente definido, estos procesos ocurren en escalas muy reducidas y sólo tienen importancia local o regional, en áreas de suficiente potencial gravitatorio (áreas con pendiantes suficientes). En estos casos el motor de los procesos es la energía gravitatoria, siendo despreciable la energía calórica característica que impulsa a vientos y corrientes oceánicas.
Los movimientos litosféricos que involucran grandes volúmenes de materia y gran cantidad de energía calórica, ocurren con marcada lentitud. Por ello son efectivos fluidos de trabajo a escala de la megageomorfología (Tectónica Global, o Tectónica de Placas). Tal es el caso de las corrientes convectivas del manto, las que originan el movimiento de las placas tectónicas.
Como dice el subtíulo de esta entrada, la Litosfera puede ser considerada como muy importante acumulador y transformador de energía. Los procesos de oxidación recién pudieron ocurrir en gran escala en el SET a partir de que el surgimiento de la Biosfera primigenia comenzase a producir oxígeno libre (figuras 91 y 92). La liberación de oxígeno a partir del CO2 atmosférico original, ocurrió en gran escala cuando tuvo lugar el proceso fotosintético movilizado por la Energía Radiante Solar (ERS). Ese oxígeno, siempre impulsado por alguno de los estados de transformación de la ERS dentro del SET, pronto se combinó con otros elementos en alguno de los procesos exógenos (meteorización de rocas, respiración de plantas y animales, etc.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario