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domingo, 19 de septiembre de 2010

--- CAPÍTULO 2 (h)

CAPÍTULO 2 (h)
Genéricamente hablando, los planetas del sistema solar (figura 34 y figura 35) de los cuales hasta hoy se conocen nueve(1), son cuerpos “celestes”, en el sentido tradicional del término que ya mencionamos, que giran en órbitas alrededor del Sol. Solo cinco planetas son visibles a simple vista desde la Tierra: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, los que por tal razón eran conocidos desde la antigüedad. Por la misma razón, junto al Sol y la Luna, esos planetas eran los únicos integrantes de los primeros modelos de universo que ya vimos al principio de este capítulo.
Recién hacia 1.781 y mientras estudiaba un grupo de estrellas, William Herschel descubrió accidentalmente “algo” que no tenía aspecto de estrella. Se negó a identificarlo como un nuevo planeta y lo consideró un cometa. Estudios posteriores comprobaron que en realidad era un planeta, al que se llamó Urano.
Neptuno se descubrió de modo totalmente distinto. Cuando se comenzó a estudiar el movimiento de Urano, se vio que este difería de lo previsto de acuerdo a las leyes ya establecidas para la mecánica de los planetas. Dos astrónomos, Adams de Gran Bretaña y Urbain Le Verrier de Francia, concluyeron en que debía existir alguna perturbación gravitatoria causada por otro cuerpo, aún desconocido, como para afectar el movimiento de Urano. De acuerdo a los conocimientos astronómicos y físicos ya existentes, se calculó cual sería la masa y la órbita del objeto perturbador.
Con esos elementos, Le Verrier  interesó a Johan Gottfried Galle, del observatorio de Berlín, para que buscara al nuevo planeta en una posición previamente determinada. Este halló a Neptuno en la noche del 25 de Septiembre de 1.846, muy cerca de la posición prevista por Le Verrier.
Pero muy pronto se cayó en la cuenta que la acción de Neptuno no era suficiente para explicar las anomalías del movimiento de Urano. Y a principios del siglo 20, Percival Lowell, astrónomo norteamericano, dedujo la masa y la posible ubicación de otro planeta más allá de Neptuno. El pequeño tamaño de éste y lo alejado de su órbita, hicieron que recién hacia Enero de 1.930 (14 años después de la muerte de Lowell) Clide W. Tombaugh lo descubriese, llamándolo Plutón.

Clasificación de los Planetas

La clasificación más simple que puede hacerse de los planetas, es la de Planetas Viejos y Planetas Nuevos. Obviamente, planetas viejos son los que siempre fueron vistos a simple vista, mientras que planetas nuevos son los descubiertos en la era de los telescopios ópticos.
Otra clasificación, también muy simple, es la que los divide en Planetas interiores y Planetas Exteriores, en función de su posición respecto de la Tierra. De ese modo, Mercurio (figura 37) y Venus (figura 38) son planetas interiores, mientras que Marte (figura 39), Júpiter (figura 40), Saturno (figura 41), Urano (figura 42), Neptuno (figura 43) y Plutón (figura 44), son planetas exteriores.
Una clasificación basada en las características de cada planeta, es la que los divide en Planetas Menores y Planetas Mayores. Los planetas menores, también denominados Planetas Terrestres, son sólidos, de tamaño pequeño y densidad elevada. A su vez (y salvo Plutón) son los más próximos al Sol y en su constitución química predominan el Hierro (Fe), Oxígeno (O), Silicio (Si) y Magnesio (Mg). Estos planetas son Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Es destacable que los planetas menores tienen atmósferas de escaso espesor, en comparación con su tamaño. Asimismo la rotación de estos planetas sobre su propio eje es bastante lenta.
Por su parte los planetas mayores son también denominados Planetas Gigantes y como su nombre lo indica, son de tamaño muy superior a los anteriores, su densidad es menor y están constituidos básicamente por elementos químicos más livianos que los anteriores. En este caso predominan el Hidrógeno (H), Helio (He) y Nitrógeno (N), o sus combinaciones más estables, como Amoníaco, Agua y Metano.
Estos planetas son Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, los cuales, a diferencia de los planetas terrestres, giran rápidamente sobre su eje. También a diferencia de los planetas terrestres, alrededor de ellos giran numerosos satélites, salvo en el caso de Plutón, que tiene solamente cuatro.  Y a propósito, dado que uno de ellos, de nombre Caronte, tiene un tamaño solo levemente menor que el de Plutón, se suele considerar a ambos como un planeta doble.

Plutón es el noveno planeta y por su situación debería ser más parecido a los planetas gigantes. Pero todos los datos que existen para él, indican que es físicamente más parecido a los planetas menores.
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(1) En la década de 1.970, y considerando la ley de Bode-Titius, se presumió que podría existir otro planeta más allá de la órbita de Plutón. Algunos textos lo dieron por cierto y lo denominaron Riga. Posteriormente se descartó esa hipótesis, aunque hubo astrónomos que aseguraron haberlo visto. Para el mismo se había estimado una órbita que entrarría en la de Neptuno, y una masa es muy pequeña, inferior a la Luna terrestre.

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